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Como dice Peter Donelan en Cultivo de Semillas: “Las razones y las recompensas por cultivar su propia semilla, son las mismas que lo motivan a sembrar y continuar cultivando. A través del huerto participamos en la creatividad de la naturaleza. La horticultura es un arte creativo. Al producir nuestras propias semillas, vemos el huerto del año próximo en nuestro huerto actual. Esto agrega una nueva dimensión de creatividad, un nuevo nivel de integración a nuestra experiencia como horticultores. La autosuficiencia responsable es otro motivo común para los horticultores.” A estas palabras no tengo más que agregar que cultivar para alimentarnos (aunque tengamos espacio para unas pocas hortalizas), brinda una sensación de autorrealización muy grande, una certeza de que pase lo que pase con nuestras vidas (inclusive laboralmente) y con el mundo, no nos va a tomar desprevenidos, ya que nosotros, como decía una anciana agricultora, “tenemos estas manos, la tierra, las semillas”, que sumado a la posibilidad de remendar los círculos rotos de esta naturaleza maltratada, no es poca cosa, a mi juicio, en estos tiempos de cambio de clima y de paradigma. Por
eso, yo no veo a la horticultura como un simple hobbie, la veo, junto
con otras herramientas de la autosuficiencia (construcción
natural, utilización de energías limpias y renovables),
como una posibilidad de auto emponderamiento, de ejercicio creativo
y de posibilidad de autoabastecimiento, lo que implica tener independencia.
En casa, tengo muy poca superficie: apenas un bancal de 1,20 X 5,
los bordes (que siempre hay que usar con trepadoras leguminosas y
aromáticas), más cada maceta o balde que se me presenta
para cultivar algo. Si de esa maceta que tienes por allí olvidada
sale aunque sea una lechuga o dos zanahorias en miniatura, no importa,
son tuyas, nacieron en tu casa y las vas a comer con mucho gusto.
Entonces, con las palabras de Peter, no tenemos más que poner manos en la tierra. Así como quedó el bancal en el verano, moveremos apenas la tierra con las manos, yo no uso casi herramientas y si uso, son pequeñas como palita de jardín, laya en miniatura, etc., ya que es indispensable no matar los organismos aeróbicos (que están en la superficie), ni los anaeróbicos (que están por debajo). Ya sabemos que jamás hay que dar vuelta el pan de tierra ni dejar la tierra a la intemperie. Calculo que si no usaron esa porción de tierra de sus casas, la habrán tapado con diarios o paja, y si la usaron será un sano revoltijo de pastos salvajes. Pues bien, si hay tanto yuyo que no nos permite ni tirar una semilla, nos haremos lugar, como decía, con palita manual, laya en miniatura o con la mano. Acto seguido, sin mediar ningún cultivo previo de plantines, rociamos la porción de terreno con semillas. ¿Cuáles
son las apropiadas para otoño?: En un encuentro de Permacultura este verano, me enteré que el romero es un solitario, no hace amigos. No es el caso de mi romero que no hace más que abrazar a todas sus hijitas hortalizas, se ve que cada ecosistema es un mundo. El romero es fantástico, ya que protege los cultivos, lo tomamos mezclado en infusiones y con sus ramitas hacemos tintura de romero (macerándolo en alcohol), para usar en la fabricación de jabones, desodorantes Volviendo
a la siembra, cómo se asocian estos cultivos de otoño?:
La acelga va bien con coliflor, escarola, lechuga, repollo; las arvejas
(todavía, en 5 cosechas, no he visto un motivo por el cual
se frene una planta de arvejas), va con repollo, ajos, zanahorias.
La lechuga es una amiga ideal, se lleva bien con acelgas, remolachas,
zanahorias, repollos, cebollas, puerro, con todo!, al perejil se lo
puede intercambiar al voleo con zanahorias, los puerros se encuentran
bien con zanahorias, apios y la infaltable lechuga, los rabanitos
con espinacas, zanahorias, lechuga y arvejas.
Recuerden, si tienen poco espacio, mezclar hortalizas que crecen para arriba, con las que tienen su parte comestible abajo, de modo que estén cómodas y encuentren su lugar para desarrollarse. Una vez que arrojamos las semillas al voleo, si en casa tenemos tierra proveniente del compost seco o semi húmedo, que permanentemente vamos haciendo con los residuos orgánicos, la rociamos con esta rica tierra y luego cubrimos todo con paja, como muestra la foto. Recuerden que la tierra a la intemperie se lava, se erosiona con el viento, las lluvias y el sol y allí no pueden crecer los insectos y microorganismos que tanto necesitamos para la salud del jardín. Algo importante a tener en cuenta, es que la semilla debe tener contacto con el suelo, no puede germinar suspendida en el rastrojo o paja. Regamos, y sólo volveremos a regar, si la tierra está seca. Yo no riego el día que siembro, si llovió el día anterior o la tierra está húmeda. Por
último, antes de irme, quisiera dejarles este dato y una reflexión:
una persona que vive a partir de una dieta basada en carnes (vaca,
pollo, chancho), utiliza para vivir una superficie de agricultura
de unos ocho mil metros cuadrados, mientras que un humano que se alimenta
de vegetales (cereales, hortalizas, frutos), necesita para vivir en
forma sostenible, unos mil mt2, aproximadamente. Y esto es utilizando
métodos tradicionales, si hacemos agricultura orgánica
biointensiva, un vegetariano utiliza 400 a 200 mt2. Pongamos los números
en comparación: 8000 contra 200. Es mucho, no? Creo que algo
podemos hacer al respecto. Dejar todas las carnes, bajar drásticamente los envoltorios de plásticos, caminar o usar más la bicicleta, cuidar el agua, consumir menos (luz, gas, etc.) y volver al jardín de casa para poner manos en la tierra para reverdecer este mundo, es un buen comienzo. Yo no hago artículos para contar cómo me divierto en mi jardincito, yo espero que el que me lea, tome conciencia de todas las superficies cultivables que hay, hasta en un departamento, y siembre una semilla para lograr un alimento proveniente de su propia acción, ese alimento que será verdaderamente suyo, ese vegetal que será sano porque no es transgénico ni se le puso veneno ni fertilizante, que será digno porque no utilizó mano de obra semi esclava, que será ecológico porque no necesitó de un transporte de mil kilómetros para llegar a mi mesa. Si esta ecuación costo beneficio no les cierra, debemos preguntarnos honestamente si es cierto que queremos ver cambios positivos en el mundo.
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